Real Jaén

Del cielo al infierno

Aficionados del Real Jaén animando durante el partido./JUANDE ORTIZ
Aficionados del Real Jaén animando durante el partido. / JUANDE ORTIZ

La afición del Real Jaén pasó de vivir sensaciones que parecían olvidadas a llevarse un nuevo chasco | El calor no hizo que la afición abandonase a su equipo y el ambiente que hubo desde horas antes estuvo a la altura de la importancia del partido

JESÚS MUDARRAJAÉN

Es fácil saber cuándo el Real Jaén juega un partido importante en La Victoria y ayer fue uno de esos días. Basta con echar un vistazo a las principales avenidas desde varias horas antes del encuentro y si por ellas se ven camisetas blancas y moradas, más numerosas conforme uno se va acercando al centro de la ciudad, es que algo gordo se está conciendo. Ayer esas parejas de amigos que enfilaban el Gran Eje mientras un servidor subía hacia el campo confluyeron cerca de la Salobreja hasta acabar convirtiéndose en un río de aficionados deseosos de ver a su equipo ascender.

La serpiente blanquimorada ya vaticinaba que el éxito estaba garantizado en el recibimiento al equipo, y el resultado no decepcionó. Las caras de ilusión, que hacía tiempo que no se veía por los alrededores del estadio, no se borraron ni por la odisea de encontrar aparcamiento ni por el tremendo calor que acompañó toda la previa y que obligó a la gente a apiñarse bajo las escasas sombras que hay frente al feudo blanco.

«Volveremos, volveremos, volveremos otra vez. Volveremos a ser grandes, volveremos a ascender!». La intención por parte de la afición del Real Jaén era clara y así se lo hicieron saber a su equipo con una multitudinaria bienvenida a las puertas del estadio. Tal vez fuese por eso o por ver las gradas llenas pero dio la sensación de que los jugadores saltaron impresionados al césped. Lograron reponerse del impacto inicial y hacerse con las riendas del partido. En la primera parte tanto en el césped como en la grada dominó el blanco.

Y eso que intentaron evitarlos los varios centenares de aficionados ferrolanos que vieron ascender a su equipo en directo. La convivencia entre ambas aficiones fue buena hasta que comenzó la tensión en el partido cuando tuvo que intervenir la policía presente en el estadio para evitar incidentes en la esquina del Fondo Sur. Ya habían sido silenciados los gallegos cuando los equipos saltaron al tapete y es que ninguno de ellos había visto antes a La Victoria como ayer. Un tifo en cada fondo y un ambiente que desde el inicio puso emotivo a uno, que rememoró tiempos mejores.

«Resurgiendo de las tinieblas» rezó el tifo de Orgullo Lagarto mientras que The North Fans le pidió a su equipo: «Combate y vence». Hizo ambas cosas pero ni con ello le valió para conseguir ese ascenso con el que vibraron miles de jienenses que se fueron enfadados a sus casas y no solo por el insuficiente resultado negativo. Ya las continuas pérdidas de tiempo del cancerbero visitante, desde el inicio, lograron alterar a un respetable que terminó de encenderse por culpa de un trío arbitral sin criterio y totalmente superado por las circunstancias.

Con cada acción errada por parte de los de Germán Crespo crecía la sensación entre los hinchas blancos de que todo el trabajo que estaban haciendo sus futbolistas iba a ser en vano. El batir de los abanicos en la grada se volvió más agitado conforme se acercó el choque al descanso y terminó por explotar con el gol anulado a Antonio. Entonces el instrumento dejó de servir para mover el aire y se convirtió en batuta, para dirigir un coro que sonó al unísono contra el trencilla.

Tocaron el cielo

Por suerte para él no duró mucho. El estallido de júbilo con el uno a cero logró hasta expulsar el polen que le estaba dando la tarde a más de uno del estadio. Tembló La Victoria con una celebración esperada y merecida y que además hizo que la gente olvidase por un momento que los bares del estadio se habían quedado sin bebida y que la única forma de hidratarse para aquellos que no se hubiesen provisto de casa era el lavabo del baño. Consiguió el club abastecer en cierta medida cuando llegó la segunda parte pero para entonces el malestar ya era mayúsculo en el graderío y es que calor fue por momentos insoportable.

En el descanso el optimismo tocó su punto álgido. No era para menos con el buen juego que habían desarrollado los suyos durante los primeros 45 minutos. Hubo quien se pasó de imprudente y hasta habló de en qué campos pensaba ver el año que viene a su equipo en Segunda B. El joven en cuestión ni se imaginaba cómo iba a torcerse una tarde que había comenzado de manera idílica.

Con el sol se fue el calor de las cabezas de la gente pero también del ambiente y es que con el ocaso y la vuelta de los jugadores de los vestuarios el plan del Ferrol se cumplió. Dejaron de ser efectivos Antonio y Juan Carlos arriba y el nerviosismo se apoderó del público al comprobar que los gallegos habían encontrado una fuente en Joselu para generar peligro.

Arreciaron las críticas contra un colegiado que enervó a los aficionados con su condescendencia con respecto al juego subterráneo de los visitantes pero es que precisamente para evitar arbitrajes así y un fútbol tan pobre está intentando el equipo ascender de categoría.

Con el gol del empate el enfado se volvió también contra el equipo, siendo Juanma Espinosa el peor parado en las valoraciones por su fallo en el mismo. Aún así la fidelidad fue máxima y el aplauso fue generalizado cuando fue sustituido.

Por desgracia la fe acabó cayendo en la resignación ante los hechos. Las continuas y descaradas pérdidas de tiempo terminaron por deprimir a una afición a la que solo el travesaño, en el que Antonio estrelló la pelota a diez para el final, fue capaz de despertar.

Tan claro acabó siendo que, por desgracia, el Real Jaén tendrá que seguir peleando por subir a Segunda B que fueron muchos los aficionados que se perdieron el segundo gol de los blancos. Les pilló camino de los coches para evitar el atasco y cabizbajos, pensando en las ocasiones falladas, en lo poco que había necesitado el rival para lograr el objetivo pero también en una cosa clara: que todavía se puede.