Real Jaén

El Real Jaén nunca se rinde

El brasileño Pedro Beda, autor del empate./JUANDE ORTIZ
El brasileño Pedro Beda, autor del empate. / JUANDE ORTIZ

Pedro Beda firmó el tanto del empate en la recta final del partido

El sueño sigue siendo real, hasta el final. El Real Jaén encontró el gol cuando peor estaba jugando, cuando menos se lo merecía. Fe blanca inquebrantable y conversos en la teoría del caos. Incluso disfrutó de un último arreón que elevó el medidor de la esperanza de cara al partido de vuelta. Hasta los más agnósticos se marcharon a casa creyendo. Y eso, con la que cayó ayer, tiene mucho mérito o al menos sirve para ver el vaso medio lleno, según gustos. El caso es que los paladares futboleros de los aficionados locales no degustaron ayer un buen partido. No fue un día para amantes de sabores exigentes. Pero no hay que olvidar la perspectiva del menú en el que se encuentra la entidad jienense. Esta Tercera División es indigesta y salir de ella no va ser tarea fácil. Toca seguir remando.

1 Real Jaén CF

Luis Arellano, Juanlu, Higinio, Ramón, Dani Fragoso, Pico (Mario Martos, min. 66), Manolillo (Víctor Armero, min. 58), Ezequiel, Migue Montes, Juan Carlos (Luizinho, min. 58) y Pedro Beda.

1 Yugo UD Socuéllamos

Company, Carlos García, Zurdo, Christian Toboso, Andoni (Jacinto, min. 67), Ramón, Álex, Pepe Delgado (Essomba, min. 61), Megías, Chico y Kikek Domínguez (Chupi, min. 79).

Árbitro
José Luis Rodríguez Sánchez. (Colegio madrileño). Amonestó a los locales Víctor Armero e Higinio y a los visitantes Megías, Carlos García y Chupi.
Goles
0-1, min. 5: Christian Toboso; 1-1, min. 92: Pedro Beda.
Incidencias
Encuentro de ida de la primera eliminatoria del play off por el ascenso a la Segunda División B.
Unos 5.000
espectadores se dieron cita en el Nuevo La Victoria, con presencia de algo más de 300 seguidores del Socuéllamos, que se desplazaron a Jaén pese a celebrar ayer en esta localidad manchega su tradicional romería.

Los blancos salieron vivos de un mal partido. Porque pudo ser mucho peor si Pedro Beda no hubiera alojado en la red, con un testarazo picado al suelo, un medido y preciso centro de Higinio. El partido había cumplido su tiempo reglamentario y se mascaba la tragedia tras una segunda parte de tiránico dominio de los manchegos.

El Socuéllamos arrancó muy vertical, pisando campo rival, como si el terreno de juego volcara hacia la portería de Arellano. Toda una declaración de intenciones de lo que estaba por venir.

Los de Calleja golpearon primero y muy pronto. A los cinco minutos una falta botada desde la izquierda la cabeceó Christian Toboso a la red. Los azulones mostraban su poderío en el juego aéreo.

Respondió el Real Jaén en una acción desde la derecha en la que Migue Montes no llegó por milímetros a enganchar un lanzamiento de Manolillo.

Los blancos achuchaban. Acoso y derribo buscando una igualada que se resistía. Pico estuvo cerca en un balón que se le escapó a Company y Pedro Beda no logró conectar con el esférico. Parecía que el roto tenía remiendo. Pero con el paso de los minutos fue un cruel espejismo.

Posible penalti

Las revoluciones subieron en la grada en una acción en la que Montes chocó en el área cuando encaraba a Company con su par. Los locales reclamaron pena máxima, pero el colegiado madrileño no la concedió.

El líquido elemento aparecía de forma tímida sobre un césped que presentaba ayer su mejor versión. Estaba de lujo para que brotara el talento y los peloteros destilaran fútbol del bueno por sus botas.

Como el escenario invitaba a gustarse, ambos equipos habían apostado por ser protagonistas, no despreciar la tenencia de la pelota, provocar y no esperar el error del rival. Era una apuesta arriesgada, porque la fuerza de lo mucho que había en juego amenazaba con reducir el sentido del riesgo de los equipos. En fútbol muchas veces se premia al que muestra mayor alergia al riesgo.

Sin embargo el tempranero tanto del Socuéllamos obligó al Real Jaén a dar un paso al frente. Los de Calleja habían encontrado el gol antes que el juego, demasiado pronto. Y los blancos no daban con la fórmula para liberar la ansiedad y que fluyera el juego.

La pelota aumentó su protagonismo. Y los locales la movían con criterio, pero el fútbol fue decayendo y volviéndose cada vez más lento.

En este deporte la supervivencia requiere oficio, solidaridad, esfuerzo y también la justa medida del sentido del riesgo. Porque el precio de no ser sorprendido es no sorprender. Y el Real Jaén no tuvo capacidad de sorpresa.

Juan Carlos tiene el carácter de un ganador y la inteligencia para convertir en deliciosa cualquier cosa. Una acción por banda suya, en la que falló -y no era la primera vez- la zaga visitante, acabó golpeando el pie de Migue Montes, que no se esperaba el esférico, y el balón se perdió muy cerca del palo.

El Socuéllamos protagonizaba un guión del duelo mucho menos fluido. Las interrupciones cortaron el ritmo creciente que estaba imponiendo el bloque de García Tébar. El técnico albaceteño movía sus piezas en el campo buscando soluciones. Beda, Manolillo y Juan Carlos intercambiaron sus posiciones sin demasiada fortuna.

El segundo round empezó con la necesidad de remar en contra. Tocaba traducir en efectividad las numerosas ocasiones de los primeros 45 minutos. Pero fue el Socuéllamos el que pudo aumentar su renta en una acción en la que los centrales evitaron el remate de Álex Jiménez.

El fútbol que destilaban los blancos empezaba a tornarse angustiado y febril. El Socuéllamos se movía también bien a la hora de aplicar el control y la especulación cuando el partido así lo necesitaba.

El Real Jaén necesitaba una acción que salvara su juego. No se encontraba como equipo y tampoco daba con el salvador. Tébar apostó por un doble cambio a los doce minutos de la reanudación. Juan Carlos y Manolillo dejaron su sitio a Víctor Armero y Luizinho.

Los de la capital jienense carecían de argumentos para sorprender a un rival sobrio y bien plantado. Sin soluciones se acabó asfixiando su juego colectivo.

La angustia y el estrés iban ahogando el juego local. En una entidad con esta historia solo vale ganar, aquí y en el mundo entero.

En el 66 Mario Martos entró por Pico. Agotaba sus cambios el Real Jaén, pero era el Socuéllamos el que controlaba el ritmo y el guión del partido. Constantes interrupciones en el juego pero la verdad es que se jugaba mayoritariamente en el campo del Real Jaén.

Sucede a veces. El bloqueo. El Real Jaén necesitaba algo, un tanto a ser posible, que le sacara de ese tapón táctico en el que le había sumergido el Socuéllamos. Los azulones estaban ganando la batalla táctica, pero por momentos parecía que también la física.

Estaban los blancos ante una puerta colosal. Y no encontraban la llave. Quedaban diez minutos para el final y no habían firmado un solo lanzamiento entre los tres palos de la portería rival. Incluso, por momentos, parecía más cercano el segundo del Socuéllamos.

Había que encontrar el gol cuando peor se estaba jugando. O eso o apelar a la épica en tierras manchegas. Y el partido iba muriendo en el área de Luis Arellano, sin que los blancos lograran hacer una visita, ni de cortesía, a Company.

Pero el gigante Pedro Beda derribó un muro colosal. Enganchó con la testa un medido centro de Higinio, como una bala perdida, que resultó letal. La grada se fundió en un grito único: «Sí se puede, sí se puede!». Y con esa esperanza se llegó al final.

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