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Real Jaén

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Celebración ante el banquillo del segundo tanto de Santi Villa. / Juande Ortiz

Real Jaén

La esperanza se viste de blanco

  • El Real Jaén derrota al Marbella y duerme fuera de los puestos de descenso

  • El conjunto jienense, sin fondo de armario, tiró de cantera para superar a un bloque que hasta el día de ayer no había salido de los puestos de privilegio

La fe mueve montañas y por lo visto ayer sirve para sumar puntos en un casillero necesitado de alegrías. Ante el Marbella FC la esperanza mudó al blanco para dejar al Real Jaén, a la espera de los resultados de la jornada dominical, fuera de los puestos de descenso directo al infierno de la Tercera División. Fue el triunfo del grupo, de la demostración que este club nunca se rinde. Tocaba ganar, remando con todo en contra. Y lo cierto es que el Real Jaén ganó el partido por solidez, pero más que nada por pura convicción. La simbiosis que está cocinando José Manuel Barla, cual fino alquimista, entre la juventud de sus peloteros más bisoños y la veteranía de jugones como Santi Villa u Óscar Quesada es la fórmula que marca la senda de la salvación. Este grupo cree y su afición se contagió.

Los blancos repitieron una salida con garra y corazón. Vitu fue el protagonista de las acometidas locales, pero en todas con el mismo denominador común: la falta de acierto y fortuna a la hora de finalizarlas en gol. Si el delantero jienense encuentra el camino del gol habrá más posibilidades de permanencia.

La primera fue un disparo desde la derecha que se perdió ligeramente alto.

En el minuto 7 Felipe Ramos volvió a demostrar su condición de pelotero franquicia con un parada, de superior categoría, ante un lanzamiento de Añón.

Y de nuevo Vitu, tras una indecisión de la zaga marbellí, dispuso de una ocasión para haber inaugurado el marcador, pero su disparo no encontró los tres palos.

José Manuel Barla resolvió la ausencia por sanción de Mario Ramón retrasando la posición del orcerano Óscar Quesada para ubicarlo como pareja de Álex Carmona. Fede y Víctor Andrés, con el canterano Álvaro Aguado más adelantado en la posición de media punta componían la columna vertebral de los locales.

El Real Jaén perdió el brío inicial y el duelo se disputaba a un ritmo mucho más bajo de revoluciones.

Al palo

La ocasión más clara fue para el bloque dirigido por Miguel Álvarez. Okoye le ganó la espalda a Carmona y su disparo, solo ante Felipe Ramos, lo repelió la madera. Una contra de manual. El Marbella parecía un gigante dormido aguardando el momento ideal para asestar un golpe a su rival.

En el minuto 35 se escenificó la imagen de este Real Jaén. Una jugada ofensiva, con origen en la fe y la insistencia de Nando por banda izquierda, acaba paseándose por el área sin encontrar rematador. Y sin gol no hay fiesta. El conjunto jienense traduce en tensión su falta de pegada. Necesitaba darse una alegría.

Cuando la clasificación aprieta es muy complicado que fluya el fútbol que los jugadores llevan dentro. El Real Jaén estaba siendo presa de su propia ansiedad. No ganar suponía marcharse sumergido entre la frustración y el drama.

El equipo ha sido arrastrado al desorden natural de una plantilla que ha perdido por el camino de los problemas institucionales multitud de piezas, muchas de ellas vitales, pero lo cierto es que Barla ha logrado forjar un bloque que compite con solidaridad, sacrificio y la frescura de sus jóvenes jugadores salidos de la cantera. Así, el Real Jaén finalizó el primer round volcado sobre el portal defendido por Manu. Y con la afición entregada y aplaudiendo el esfuerzo de sus futbolistas. No es que los blancos agobiaran al Marbella con múltiples ocasiones claras de gol, pero lo estaban intentando.

El Real Jaén es un equipo cansado, y no piensen sólo en términos físicos. Jugar al fútbol con la guadaña del descenso acechando exige estar muy fresco: para tener las soluciones en la cabeza antes de recibir la pelota, para conectarse con los compañeros con una sola mirada, para presionar con urgencia tras la misma pérdida del balón. Los jienenses llevaban ya varias jornadas con muchos tornillos desajustados, incluso los de la suerte, que suele estar conectada con la confianza. Una situación no de ahora, fruto de multitud de errores que se han ido acumulando y que provoca que hasta el orgullo parezca cansado cuando el partido requiere de una respuesta heroica.

Pero el fútbol es un juego maravilloso, que no conoce la piedad y que está lleno de paradojas. Y ayer todos los malos augurios se tornaron favorables a los blancos. Cuando los más pesimistas rumiaban un nuevo tropiezo en casa, el Real Jaén enarboló la bandera de la fe y la convicción. No hay que darlos por muertos. Porque por lo visto ayer pelearán hasta que las matemáticas se empeñen en decir lo contrario.

Segundo round

Se reanudó el encuentro. Miguel Álvarez no lo veía muy claro y empezó a mover sus piezas. Un doble cambio en el que se marcharon Niko y Luis y entraron Turbo y un viejo conocido de la parroquia local como Damián.

Víctor Andrés estuvo cerca de abrir el marcador con un potente disparo desde la frontal que se marchó rozando el palo derecho de la portería visitante.

En el 58 un disparo de Kike lo desvió Felipe Ramos, el esférico hizo un extraño y estuvo cerca de entrar.

El partido había perdido intensidad, llegadas y fútbol por el camino. Pero en esas apareció la testa de Rafa Mella para abrir el marcador en el minuto 70. La esperanza se vestía de blanco y la grada entonaba el socorrido «¡Sí se puede!» para la ocasión.

Y en el minuto 77 se produjo la simbiosis en la que debe apoyarse este conjunto para salvar la categoría. El canterano Álvaro Aguado forzó una falta ante Danilo y el capitán Santi Villa la transformó en gol. La imagen del equipo abrazado en banda con gestos de rabia emocionó a los más veteranos en estas lides. La afición entonaba ahora con más fuerza que nunca el canto a la esperanza.

El Marbella FC no supo reaccionar. No se esperaba los dos golpes y fue incapaz de responder. Pocos argumentos para un conjunto que no había salido hasta ayer en todo lo que va de temporada de los puestos de play off y que aspira al ascenso.

Los blancos lograron, además, dormir el partido. Ya no se jugó mucho más. Ganaron también a su rival la partida del otro fútbol.

Pero hubo tiempo para reconocer el trabajo de un grande. Y para que debutaran en Segunda División B con el Real Jaén dos canteranos. Puestos en pie, como se despide a los grandes toreros, y coreando su nombre, la afición aplaudió la entrega del capitán Santi Villa. Entró Rentero. El jugador pegalajeño disfrutó de sus primeros minutos en Segunda División B.

Unos minutos antes había debutado también Ariel, en una acción que mostró el enfado de Trujillo en banda al enterarse de que finalmente no tendría minutos.

El Real Jaén, a la espera del partido de hoy domingo del Extremadura en casa ante el San Fernando dormirá fuera de los puestos de descenso directo. Pero aún no se ha conseguido nada. Toca seguir remando.

Mucha personalidad está demostrando este grupo, a la altura de esta entidad. Aunque el presente les condene, la historia sabrá ponerlos en el lugar que merecen. Simplemente, Jaén nunca se rinde.